A veces me pregunto por qué la urgencia de escribir es más estridente cuando mi corazón está partido.
En veces vuelvo y siento que no hay nada que escribir que tenga relación con lo que antes fui.
Estoy muerto porque me olvidé de las cosas que compartía, de los sentimientos que explotaban en los párrafos que aquí hilvanaba.
Decidí matarme y ser feliz, vivir y trascender en otros planos, en otras vidas.
No me arrepiento.
Lo acepto de la manera más humana, lo vivo de la manera más mundana.
Acariciando momentos y desvelos.
Intensificando los trazos de caminos indelebles.
Me contemplo y sé que soy cada día más viejo, más fuerte, menos propenso.
Mi nariz está ganchuda.
Mis ojos destellaban, pero ahora son sombríos.
Caigo de un acantilado manufacturado con una permanente levedad.
He dejado de crecer.
Escondo mis introspecciones de la gente que amo, para no lastimarlos.
Soy agua.
Lluevo y me evaporo.
A veces corro sin destino porque estoy cayendo por todos lados…
A veces me pregunto por qué la urgencia de escribir es más estridente cuando mi corazón está partido…
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